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Dizzy Gillespie

                            

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Por Manuel Guevara Villanueva

Cada que una trompeta deja al viento boquiabierto, es porque el fantasma de uno de los creadores del bebop, está observando al ejecutante desde un palco que tiene vistas a todos los escenarios, en los que se toca la mejor música: El Jazz.                                                  


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Dizzy Gillespie nació el 21 de octubre de 1917 en Cheraw, Carolina del Sur, Estados Unidos. John Birsk Gillespie fue el nombre con el que llegó al mundo el último de los nueve hijos en la pareja de Lottie y James Gillespie. Desde pequeño estuvo en contacto con la música; su padre, que murió cuando el futuro genio apenas tenía diez años de edad, alternaba la profesión de albañil con los     ensayos de una orquesta de la que era líder y pianista. En casa de los Gillespie se guardaban todos los instrumentos de aquella agrupación y el pequeño John apenas alcanzaba a golpetear las teclas del piano.

Su camino como instrumentista comenzó en un intento por tocar el trombón, al que pronto dejó cuando la longitud de sus brazos le impidió alcanzar todas las notas. Más tarde, vino su encuentro con la trompeta, su aliento dio voz al instrumento que le prestó un vecino, cuando Gillespie tenía 14 años de edad, en 1931.

La constancia y habilidad que demostró con el nuevo instrumento le consiguieron una beca en el Laurinburg Institute de Carolina del Norte. Tiempo después, su familia se trasladó a Filadelfia, y en 1935 obtuvo un puesto en la orquesta de Frank Fairfax, donde tocaba el dotado trompetista: Charlie Shavers, quien además compartía trío con un ídolo del propio Gillespie: Roy Eldridge.

Cómo todo joven jazzista de aquella época, John Brisk Gillespie se trasladó a Nueva York en busca de nuevos horizontes musicales. Sin embargo, no fue tan fácil abandonar Filadelfia, pero sobre todo a su madre, con quien enlazó una fuerte unión que lo llevó  a rechazar una primera oportunidad cuando sus amigos, los también trompetistas: Charlie Shavers y Carl “Bama” Warwick, lo habían

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invitado a irse con ellos y probar suerte en la gran manzana.

Pero la suerte volvería a tocar a su puerta; esos mismos amigos, en una gira por  Filadelfia lo volverían a invitar y finalmente el joven músico se atrevió a dar el salto a Nueva York, para enfrentarse a los grandes escenarios que no lo aceptarían fácilmente como lo recordaba: “Charlie Shavers y Carl “Bama” Warwick entraron en la orquesta de Lucky Millinder. Estaban en la sección de trompetas con Harry Edison. Dijeron a Lucky que me contratara en lugar de Harry. Cuando la orquesta vino a  Filadelfia, Lucky aceptó la propuesta y salí para Nueva York tras haberme despedido de todo el mundo en mi ciudad. Cuando llegué a Nueva York para tocar en el Savoy Ballroom, Lucky Millinder decidió conservar a Harry”.

Tras el descalabro siguió intentando formar parte de una banda y conoció al baterista Chick Webb, quien dirigía una orquesta la cual invitó para suplir a Taft Jordan. Junto a Willie Bryant y Savoy Sultans aquella agrupación tenía lo que ninguna orquesta; en palabras del propio Gillespie: “¡Swing en estado puro!”. Fue ahí donde Teddy Hill pudo escuchar su estilo y lo contrató para una gira por el viejo continente: “Tenía que irse a Europa de gira y me preguntó si conocía a algún trompetista que quisiera ir con él. Le dije: “Tiene uno delante suyo” Teddy respondió: “OK, 70 dólares por semana”. En esa época no estaba casado y un sueldo de 70 dólares era muy interesante.”

Es sabido que durante los ensayos de la banda era muy notoria la hiperactividad del nuevo trompetista, además de su carisma; el propio Teddy, sin sospechar que lo marcaría para siempre le puso un sobre nombre: Dizzy, que significa “alocado”.

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Su estreno con la orquesta fue en 1937, donde ejecutó su primer solo en el tema King Porter Stomp, dando pruebas en aquel entonces de una gran inmadurez musical. Tras ese nuevo fracaso, Gillespie fue marginado poco a poco durante las grabaciones de la banda mientras se encontraban en París: El resto del tiempo iba a la Torre Eiffel, hacía fotos, ¡me divertía como un loco! En realidad me importaban un pepino esas sesiones de grabación porque sabía que tenía algo que ofrecer en la música y que el reconocimiento llegaría un día. Era trompetista pero tocaba el piano a diario, encontraba nuevos recursos armónicos. Los demás tocaban sus instrumentos y nada más.

A su regreso a New York la banda firmó un contrato en la famosa sala Savoy Ballrom y las cosas comenzaron a ir mejor, sobre todo con la inclusión del baterista Kenny Clarke.

Más tarde se integró a la orquesta de Cab Calloway y fue despedido por él mismo tras la acusación de que le lanzaba bolas de papel durante los conciertos. En realidad, yo sólo me defendía. Me encontré de repente en la calle. Fue un momento decisivo en mi vida”.

Fue en 1939 cuando Dizzy Gillespie tuvo su primer encuentro jazzístico con auténticos pesos

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pesados del Jazz, como el vibrafonista Lionel Hamptom, el saxo alto Benny Carter y tres formidables saxos tenores: Coleman Hawkins, Ben Webster y Chu Berry, quienes le pronosticaron un futuro prometedor. Al tiempo, su jefe fue nombrado manager del celebre club Myntons Playhouse, localizado en los bajos del Hotel Cecil en la calle 118 Oeste de Harlem. Un hecho que más adelante cobraría un enorme significado en la historia de Dizzy y en la del jazz.

Era la década de los 40’s y aún en la alineación de Cab Calloway, Dizzy Gillespie recibió en su hotel la visita de quien le entendería perfectamente respecto a sus ideas musicales tras la recomendación del trompetista Buddy Anderson: “a veces íbamos a Kansas City. Buddy, que vivía allí, me dijo un día: “Amigo mío, ¡tienes que escuchar a un tipo fantástico!” Le contesté: “Sí, ¡tráelo!” Me alojaba en el Booker T. Hotel y una tarde Charlie Parker vino a verme. Empezamos a hablar en la habitación y sacamos nuestros instrumentos, él su saxo alto y yo mi trompeta. Estuvimos horas. No podíamos parar de tocar. Estuve a punto de no ir a trabajar esa noche”.

Estaba alucinado, era como si las ideas que Dizzy Gillespie tenía en la cabeza estuvieran personificadas en Charlie Parker y era difícil distinguir lo que provenía de uno y otro. Parker tenía dentro de sí una multitud de motivos musicales que se podían asimilar a temas conocidos. Tocaba un tema y, entre medias, introducía una cita, un pasaje de otro tema. Era una de sus grandes cualidades. Juntos, le dieron al mundo del Jazz un ingrediente que agitó las notas vertiginosa y magistralmente: el Bebop. Sumamos todo lo que existía y lo transformamos. Una especie de culminación.

En 1944, la Calle 52 de Nueva York se había convertido en la meca del Jazz; en menos de dos manzanas había nueve clubes que ofrecían música de  alto nivel y además el Club Minton’s seguía en pleno auge, celebrando históricas jam sessions animadas por el grupo del baterista Kenny Clarke, el saxofonista Don Byas, el pianista Thelonius Monk y desde luego Dizzy Gillespie y Charlie Parker, que venían desarrollando el nuevo idioma musical.

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Al año siguiente darían una presentación que sigue siendo recordada hasta nuestros días: esa noche creo que Monk tenía que ser el pianista de la sesión pero no vino. Yo estaba ahí de visita –el trompetista era Miles Davis– y por eso toqué el piano”; sin embargo, a media sesión se integró el pianista Argonne Thornton. Dizzy sometió las blancas y negras en las piezas “Billie’s Bounce” y en “Thriving On A Riff”; en “Koko” tocó el piano y también la trompeta porque Miles Davis no conocía la introducción: “Tras realizarla, me precipité al piano para acompañar a Bird. En realidad yo soy quien enseñó a los pianistas la manera de acompañar”.

Al tiempo que el bebop germinaba en los sótanos de Harlem, el que fuera vocalista en la orquesta de Earl Hines: Billy Eckstines se lanzó a la aventura de lanzar su propia orquesta y la convirtio en la primera bigband del bebop. Dizzy fue su director musical y en ella se encontraban algunos de los jóvenes valores del momento: Charlie Parker al saxo alto, la cantante Sarah Vaughan, el saxo tenor Gene Ammons, el baterista Art Blakey. La orquesta de Eckstine fue el laboratorio ideal para los boppers en busca de trabajo pero pronto Dizzy la abandonó en busca de su propia alineación musical.

Dizzy comenzó a sonar en su cuarteto junto al contrabajista Oscar Petifford, para cumplir un contrato en el club Onyx y en aquélla época, justo en 1945, Gillespie estaba consolidándose como la estrella del nuevo movimiento musical. Dizzy era de ideas fijas y siempre tuvo entre cejas la idea de formar su propia orquesta que formó en 1946 con la ayuda de varios músicos que creyeron en su proyecto.

El nombre de Dizzy Gillespie  se podía encontrar fácilmente entre los mejores trompetistas de la historia y en 1947 la revista Metronome  lo reconoció como el trompetista del año; nombramiento con el que superó a su ídolo Eldridge y la compañía RCA le ofreció un sustancioso contrato. Por aquélla época y dada la afición de Dizzy por los ritmos caribeños, llevó al pentagrama entre otros grandes éxitos, el celebérrimo “Manteca”.

Su paso por los ritmos sudamericanos; aunque significativo para la escena musical, fue corto y la banda se disolvió en 1950; luego del terrible asesinato en Harlem de su percusionista Chano Pozo, cuando regresaban de una gira por Europa dos años antes.

El genio de las mejillas inflables regresó a los estudios junto a su gran amigo y cómplice musical,

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Charlie Parker más la compañía de Bud Powell, Monk y otros músicos afines grabando una serie de discos magníficos. En 1953 participó en Toronto en el conocido concierto del siglo en el Massey Hall, junto a las grandes estrellas del bebop, Charlie Mingus incluido, que grabó aquélla histórica sesión para su recién inaugurado sello “Debut”. Actuó en el primer festival de Newport, impartió enseñanzas en la Lenox Shool of Music. Las giras con la Jazz At The Phillarmonic de Norman Granz, fueron realizadas y en 1956, el Departamento de Estado, le confió la labor de actuar como embajador musical de los EE.UU. por Oriente Medio, Grecia, Yugoslavia y finalmente Sudamérica, en una banda formada expresamente para la ocasión y en la que Quincy Jones y Norman Granz, le ayudaron a organizarla hasta el punto de que alguna vez declaró que aquélla banda fue la mejor que tuvo. Sobre dicho cargo público comentó en una entrevista hecha en 1970 lo siguiente: “Un día estaba en Washington y Adam Clayton Powell me llamó y me pidió que fuera a su despacho en la Cámara de los Representantes. Cuando llegué, vi que había varias personas esperándome. Estaba aterrorizado: “¿Qué es esto? ¡Quizás me quieren meter en la cárcel!” En realidad, Powell había preparado un pequeño discurso sobre la difusión del jazz en el mundo, sobre la importancia cultural de este arte americano”.

Durante la misma década, Dizzy fue atraído  hacia el ritmo brasileño por excelencia: El Bossa nova. Formó parte en esos años de los Gigants of Jazz, alineación que fue reunida por el productor George Wein,  y con la que se embarcó en más exitosas giras. Su actividad fue decayendo con los años pero todavía tuvo tiempo de grabar en 1989 un  interesante disco a dúo con el baterista, Max Roach, en un concierto en Paris.

Dizzy Gillespie, murió en 1993 y con su muerte se perdió a un inigualable instrumentista que con una destreza superlativa, consiguió personalizar un fraseo cargado de arabescos y apoyado en la que fue una nueva forma de enfocar la armonía. De su pluma han salido temas tan famosos como “Salt Peanuts”; “Groovin’ High”; “Be-Bop”;  “A Night in Tunisia” y muchísimas otras extraordinarias composiciones que han dado larga gloria al jazz. La genialidad de Dizzy Gillespie ha servido como base en las interpretaciones de múltiples instrumentistas que también han hecho historia dentro de la escena jazzística.

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